El dios Are creó a Fura y Tena, padres de la
humanidad. Are se detuvo a las orillas del sagrado río Carare y de
un puñado de tierra formó los ídolos: Fura, mujer y Tena, hombre,
que luego arrojó a la corriente, donde tomaron aliento y vida;
fueron los primeros seres del linaje humano. Are les señaló los
límites de sus dominios, los secretos de la agricultura, la
alfarería y estrategias militares, y también les dio normas de salud
y de vida, y les inculcó la libertad sin limite alguno.
Zarbi, hombre de ojos azules y barba rubia, apareció por el
occidente, en busca de una flor privilegiada y milagrosa, cuyo
perfume aliviaba todos los dolores y sus esencias curaban todas las
enfermedades; recorría las montañas, cruzaba los ríos, trepaba los
árboles y esperaba la aurora en los más altos picachos, para
escrutar en vano por todas partes la planta que ostentaba tan
codiciada flor. Después de vagar muchos días, convencido de la
inutilidad de su empeño, acudió a Fura en la esperanza de obtener su
apoyo para descubrir la flor. Fura, bella y seductora, lo acompañó a
la montaña. Pronto el sentimiento de Fura se transformo en amor y en
infidelidad. Informado Tena, el esposo burlado, se suicidó y junto
con Fura se convirtieron en dos peñascos, separados por el río Zarbi
o minero. Las lágrimas de Fura, la esposa infiel, se transformaron
en esmeraldas, que se esconden en las cordilleras, y en hermosas
mariposas. Itoco, el hijo de Fura y Tena, también se convirtió en un
peñasco esmeraldifero, el más rico de todos.
El Pozo de Donato
Se dice que es un pozo sin fondo en el que los indígenas lanzaron
todo su oro a la llegada de los que buscaban el tesoro de El Dorado.
Los españoles encontraron el sobrino del Zaque Michúa, el señor
Quimuinchatoca fuertemente protegido.
El Zaque mostrábase impasible ante las insistentes preguntas, lo que
apresuraba la contrariedad de los extranjeros, quienes cada minuto
se rodeaban más, confiados en sus espada y soldados que montaban
guardia en diferentes sitios. Mientras dentro del poblado con la
complicidad de la noche, fardos y petacas eran pasados de mano en
mano y arrojados al pozo, que según la leyenda precolombina, se
formo con parte de la chicha que salió de olla en aquella discusión
entre Faravita y Noncetá.
La fábula referente al riquísimo pozo fue tomando fuerza,
despertando la codicia de un señor Donato, de origen europeo, quien
recurrió tanto a maquinaria como a trabajadores para el desagüe del
laguito, sin hallar el tesoro; trabajos estériles en el piso de este
nacimiento de agua. Ahí continua el pozo con sus misterios, su
sonrisa de monalisa y sus esbeltos juncales. “Cayó el pozo al de
Donato” se dice en Tunja cuando algún valor es dado en calidad de
préstamo, pero sin obtener su devolución. Se dice también que desde
el fondo, si es que lo tiene, parte un inmenso lingote, que pasa por
los predios de la universidad, se dirige por la rotonda con su
figura de piedra recordatoria de Aquiminzaque y su amada Uliam, sube
por el sector de Maldonado y el puente de San Francisco, ensanchase
en la Plaza de Bolívar y termina en la catedral de San Santiago”.
El perro de San Francisco
Se trata del espanto del perro de piedra que existía en el antiguo
convento de San Francisco, el cual pasó posteriormente al batallón
Bolívar. Este perro era de gran tamaño y se presentaba sentado,
mirando hacia el muro oriental. Dentro de los habitantes de Tunja
había la creencia de que a altas horas de la noche el animal
aullaba, arrastraba cadenas, lanzaba ladridos terribles, que junto
con sus ojos de fuego aterrorizaba a la gente que se desplazaba a
esas horas por el lugar.
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